La Noche de la Hoguera
Las siluetas de las iglesias y las casas, se distorsionaban serpenteantes detrás de la humareda, en una suerte de gran sahumerio, los vecinos, se congregaban , de uno en uno, en grupos familiares de a cinco, juntándose como los granos de una mazorca; en las esquinas o plazoletas, se unían a construir barrio y comunidad; la risa los volvía cómplices, los hombres no hacían faltar el aguardiente para el frio de la noche, las chismosas o chismosos, sacaban de su interior todo aquello que les afligía, en una suerte de expiación de culpas, flagelando con la lengua lo que consideraban incorrecto, las mujeres se juntaban en complicidad, los niños felices correteando, la juventud aprovechando la oportunidad para el cortejo, todos repletos de alegría, con los resplandores magnéticos del fuego, los ojos abiertos de par en par, inmensos como platillos, redondos como luna llena. La ciudad en la noche de las hogueras, engullida...

