El NIÑO

 Organismos del clima como el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), han anunciado que estamos ante el fenómeno de El Niño y tendrá una insospechada magnitud.  El Gobierno nacional ha declarado la alerta roja ante su inminencia.  

El evento se presenta con copiosas lluvias, inundaciones y sequías; en consecuencia, genera una crisis multidimensional en la sociedad. 

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 Grupos ambientalistas responsabilizan de su magnitud al calentamiento global como consecuencia del capitalismo neoliberal extractivista; por otro lado, sectores negacionistas del cambio climático observan con incredulidad y aceleran la producción y el comercio.  

Asimismo, amplios conglomerados humanos viven sumergidos en su trepidante cotidianidad sin el menor recuerdo de los últimos eventos climáticos, mucho menos hay referencia alguna de lo sucedido en un lejano tiempo, vivimos una suerte de sueño hipnótico colectivo, no recordamos nada de lo acontecido, deslumbrados por la opulencia del presente, sedados por sus logros, no hay atisbo alguno de finitud, menos de vulnerabilidad. 

Los seres humanos, simplemente somos nuestro propio olvido, hasta hace pocas décadas, antes del gigantesco desarrollo tecnológico que nos impide conversar, la tradición oral   educaba a partir del relato y el mito, la contemporaneidad rompe el curso de la historia, la sociedad del presente no recuerda en lo absoluto la crudeza de las catástrofes naturales, y el aprendizaje a partir del dolor, lo vivido dejo de trasmitirse como enseñanza por medio de la tradición oral. Hoy somos nuestro propio olvido.

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Científicos del clima observan los indicadores con preocupación: los registros numéricos datan apenas de  los fenómenos de 1982-1983 y 1997-1998 que causaron devastación sin precedentes, como la alteración del perfil costero, derrumbe de la agricultura y ganadería de la costa por inundación, seguridad alimentaria completamente alterada, destrucción parcial de la red vial,  movimientos de grandes masas de tierra, inundación general de ciudades en las cuencas bajas y medias, presencia de  plagas y epidemias, ruptura de  la cadena de pagos, afectación al  sistema bancario y financiero.  

En los sucesos climáticos del pasado, la inmensa mayoría de las casas de habitación de la cuenca baja del Guayas se levantaban sobre pilotes, dando continuidad a una arquitectura milenaria de adaptación a las inundaciones, hoy aquellas prácticamente han desaparecido en favor del “progreso”, ocupando masivamente las zonas de inundación cercanas a los ríos.  El perfil costero ha sido urbanizado en gran parte, a pesar de que los últimos eventos lo alteraron. No planificamos.  No obedecemos a orden alguna.  No conservamos la memoria social de los acontecimientos catastróficos. No aprendemos de lo vivido.

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Entre los factores del clima en los Andes se encuentran las lluvias y sequías estacionales moderadas, cíclicamente se tornan fenómenos de magnitud con retorno de aproximadamente 15 años y eventos de mayor destrucción cada centuria. Investigaciones arqueológicas, históricas y estudios de paleoclima han sacado a la luz que la disrupción climática es recurrente. 

Los cronistas españoles, a su llegada en el siglo XVI, recogieron información de la cual se deduce que entre 1460 y 1500 existieron eventos catastróficos que afectaron dramáticamente al incario; se colige que eran manifestaciones de El Niño.  

Hay documentación extensa y detallada con referencia a eventos catastróficos; a saber: los sucedidos en 1577-1578, aquel de 1720, tan grave que desapareció bajo las aguas y los torrentes la próspera ciudad de Zaña en el norte de Perú, en 1728, se produjo un nuevo evento de brutales consecuencias, entre 1789 -1790 hubo un mega evento.  

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Lo sucedido en los siglos XVI y XVII se denominó “calamidades” y en el siglo XVIII “injurias del tiempo”.  

Se determinó otra catástrofe en 1877-1878, y, en el siglo XX, existieron tres fenómenos más: 1925-1926, 1982-1983 y 1997-1998 que suman un total de ocho eventos catastróficos y 12  fuertes en 500 años. 

REFERENCIAS

1.- Fotografía. Inundaciones en la cuenca baja del río Guayas, Serrano Neira, Juan Pablo, 2010  

2.- Borges, Jorge Luis, " Aquí Hoy " Poema 

3.- Serrano Neira, Juan Pablo, El Niño, artículo publicado en Diario El Mercurio el 20 de septiembre del 2026

4.- Documental " Zaña la ciudad que destruyo el agua " 

https://www.youtube.com/watch?v=8bCQBsmQt70


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