Dia de Difuntos
Juan Pablo Serrano Neira
La relación de los seres humanos con la muerte,
se pierde en la noche de los tiempos, en todas las tradiciones, en los
distintos momentos de la historia, se encuentra evocada en tanto signo,
experiencia, y símbolo, la muerte
siempre ha traído transformación a la existencia humana; posee un exterior
evidente ligado al cadáver, a la culminación
de un proceso, o al universo de lo tangible,
y en oposición, un interior oculto, inmenso,
que poco se divisa, vinculado al mundo de los sentimientos, a la estructura
psicológica de los deudos o los dolientes.
La etapa civilizatoria presente, es la primera que como humanidad, altera los ciclos que en la historia han tenido visión y relación con la muerte; siempre hubo un tiempo de quietud, el golpe era tan fuerte que los seres humanos se volvían sobre si mismos, tomaban distancia de su entorno, las excepciones confirman la constante milenaria a exigencias de continuar la vida, sin tiempo para el dolor y el duelo, en períodos como : Fenómenos naturales, epidemias, migraciones o guerras, pero la constante era que la muerte llevaba a un tiempo de quietud , silencio que favorecía la introspección, lo externo se calmaba, vivificando el interior.
En observación de místicos, pensadores y
filósofos a partir del siglo XIX y subsiguientes, hay un afianzamiento, suscitado
por lo descrito y que nos lleva a lo que se ha denominado:
“La muerte de lo sagrado”
“La secularización de la sociedad “
“La muerte de Dios “,
“La creación humana de nuevos Dioses “
¨La consolidación de la superioridad y arrogancia humana "
“La consagración de las máquinas y los sistemas como
los nuevos oráculos “
" La desaparición de la capacidad humana del asombro"
“La muerte de la capacidad del Sentir “.
Un ciclo natural
de calma
La muerte en la historia ha sido tomada como
referencia, las organizaciones humanas, comunidades, familias, tenían en la
muerte un elemento nuclear, paralizaba por un buen tiempo a los familiares
íntimos, a un núcleo cercano y muchas veces afectaba temporalmente a una colectividad. Era
una especie de pausa, un silencio que conducía a la introspección en el camino
de la vida, este proceso interior traía consigo modificaciones profundas. Existía
una suerte de ciclo de temporalidad, fijaba los ritmos en la comunidad
doliente, había una constatación cruda de la vulnerabilidad humana a los
agentes naturales, de la intrascendencia humana, un retorno a la humildad, a la
sencilles, una vuelta a lo auténtico; las dinámicas productivas y sociales, evidenciaban
la magnitud del impacto, la conclusión de un ciclo era sentido en toda su
crudeza, procesado y asimilado en el círculo más íntimo de deudos, la familia
de dolientes. La Psique humana, recibía nuevos elementos que la alimentaban.
“La vida es sabia, nos ofrece muchas pequeñas muertes
como preparación para la gran muerte, cada día morimos a algo, pero es tan
profunda la hipnosis, que no nos damos cuenta “
El ser humano siempre ha tenido tanatofobia, hoy seguimos eludiendo la muerte,
pero a más de aquello , se está produciendo un fenómeno por vez primera en la
historia, nuestra civilización está resignificando la mismísima muerte, la
pulcritud que siempre tuvo, acto reverencial de absolutamente todas las
culturas en la historia, acto cumbre,
del cual nadie puede escapar, siempre se la experimentó en debilidad, intimidad, discreción, humildad, silencio; las
tradiciones más antiguas han sostenido que la existencia es un proceso
de aprendizaje, de preparación, una recurrencia de enmienda de errores hasta
llegar al momento definitivo , que es la
hora de la muerte, la vida, jamás fue entendida, sin la existencia de la
muerte, sin embargo en la etapa presente de globalización, el capital ha
irrespetado hasta la mismísima muerte.
La Muerte y
la productividad del capital
“Es terrible pensar que la vida debe ser una
preparación para la muerte, como imposición , allí hay un miedo
atávico profundo, una estructura psíquica rígida, dolientes que arrastran como
caudas una cadena de dolor, la vida es una oportunidad maravillosa para
aprender a vivir, vivir en plenitud, en equilibrio, vivir sin miedo,
experimentar y probar lo que generosamente la vida me ofrece cada día en mi
mesa, ¡¡¡¡¡¡ la vida es un gran baile
señores ¡¡¡¡¡ al cual todos estamos
invitados, hay de aquellos que gastan su tiempo leyendo mecánicamente la biblia
y no son capaces de haber aprendido a bailar…Maravillarnos de lo hermoso que
nos es dado, una flor, un aguacero, la resolana, deleitarme de un
poema , de la basta creación humana, cultura y civilización; observar también lo doloroso, lo denso, saber
que todo absolutamente todo pasa, lo bueno y lo malo, son caras de una misma
moneda, y ambos pasan, vivir en plenitud y en profundidad, vivir varias vidas
en una sola, llegar al final y observar el sendero recorrido, poder decir con alegría,
en el balance general…. he sido feliz, estar agradecido, cumplir con la vida,
morir en paz “
Desde el siglo XVIII, con la primera revolución
industrial, el desarrollo científico – técnico y su aplicación tangible no se
ha detenido, acelerando cada vez más los tiempos productivos, sometiendo a los
seres humanos a ritmos trepidantes, trasformando la sociedad en una maquina gigantesca,
de la cual cada ser humano es un componente mecánico, cuya razón de ser no
constituye su existencia propia sino la existencia de la sociedad en su
conjunto cuan gigantesco sistema mecánico
La contemporaneidad termina por consolidar: el
alejamiento casi total de los seres humanos de la naturaleza, y sus procesos,
por ende, se ha robustecido una visión antropocéntrica, en donde todo existe a
partir de lo humano, en contradicción a la humildad ante la naturaleza y las
fuerzas superiores.
El presente posee un
desarrollo científico – técnico, que jamás en la historia se había alcanzado, la
civilización industrial, el exponencial crecimiento de las ciudades; la
producción ha permitido, la mayor oferta de bienes y servicios, en el campo
económico – financiero la mayor generación de procesos especulativos que se
tengan constancia, todos en inmanencia magnética nos llevan a la identificación
y la exacerbación insaciable por el consumo y la posesión.
Millones de seres humanos, en un movimiento
gigantesco de masas, auto identificadas, o hipnotizadas, consagradas de por vida a este proceso, de : producción,
especulación, consumo, acumulación,
riqueza, pobreza y exclusión, cada vez
más vertiginoso y trepidante, humanidad
entrelazada por vínculos de diverso tipo, estableciendo una especie de sistema global, gigantesco organismo mecánico,
del cual todos los seres humanos somos parte
y que nadie puede escapar y que nos ha conducido como nunca antes a no
tener conciencia del vínculo mecánico y del olvido de la muerte.
Ante la muerte, hay dos mundos, el mundo exterior y el mundo interior;
la contemporaneidad dinamiza el
exterior, y procura ignorar, silenciar o bloquear el interior; se
dinamiza lo externo al volverse objeto
de interés del capital, es impresionante
observar cómo se ha expandido la oferta de servicios ligados a estos fines, desde inversiones en
cementerios en donde la plusvalía crece año a año, tanto más cuanto que el
nicho adquirido esté ubicado en un sitio con muertos conocidos ( en analogía de
la venta de indulgencias de la edad media), pólizas de vida, servicios de salud
( sustanciados en estudios de empresas de seguros, que reportan que gran parte
de los fondos de ahorro y cesantía, acumulado por una persona, es utilizado en el
último tramo de su vida, ante las
angustias, aparejadas a la quiebra en la salud o la vejez ).
Se establecen nuevos patrones culturales y
prácticas sociales, que penetran y se validan en la costumbre; así, la
enfermedad y la muerte son vistas como oportunidad de negocios, en un proceso de
libre mercado e innovación, se configuran relaciones mercantiles implacables.
Se expanden los servicios de medicina curativa con altísimos costos, se
disemina masivamente el uso de fármacos, tanto lo uno como lo otro, no con
miras a encontrar la salud del doliente, sino como un acto económico fáctico.
La muerte hasta hace poco tenía una visión
arcaica, en el sentido del término, evocado por Carl Gustav Jung, como antiguo,
cargado de significado, trascendencia y valor, mantenido y alimentado como rito
por las tradiciones, la muerte como el acto final de la vida, vinculado con lo
sagrado, tránsito de respeto y reverencia, que se lo vivía en humildad, sin
abalorio alguno, se aceptaba su crudeza, experimentación de un tajo brutal en
la existencia de la vida familiar.
El moribundo y su familia, se preparaban para el
final, en su casa, en su espacio íntimo, rodeado de los seres que le eran
más cercanos, unidos en cuidado, afecto, oración y comunión; ritual privado de
profundidad inconmensurable, despojamiento, aceptación; la muerte era un acto
ceremonial, de implicancia enorme.
“Nada soy, Nada tengo, Nada me pertenece “,
“Señor, ten piedad de mí, pecador, en tus manos,
encomiendo mi espíritu “
La antigua tradición conocía que, en
concordancia al tránsito hacia la muerte del doliente, en sus familiares más
cercanos se producía una apertura interior por el dolor y el sufrimiento, algo
se expandía, una cáscara que recubre el interior se resquebrajaba en la dureza:
“Por el tajo, ingresa la luz “,
“La muerte saca lo mejor y lo peor de los seres
humanos”,
“El difunto deja en este mundo algo para que los deudos puedan crecer “
Estas frases se han conservado por centurias,
es parte de la sabiduría popular. Después del proceso del fallecimiento, sus
deudos más cercanos procedían a la preparación del cadáver y su colocación en
el ataúd , luego de lo cual, abandonaba
los espacios íntimos, a continuación accedía
a los ámbitos familiares, luego ingresaba al territorio de lo público, era expuesto a los dolientes por uno,
dos y hasta por tres días, acompañado por todos los familiares, vecinos y
comunidad, vestidos en reverencia de luto, en oleadas de acompañamiento; acto
de recogimiento y meditación, pedagogía de la existencia, porque los velatorios
eran factor convocante de toda la familia, del barrio, los amigos, y de la comunidad.
La ceremonia fúnebre, en donde se recordaba a
todos , la condición de mortales, la vulnerabilidad, la in permanencia, la pedagogía de escrituras o credos como
forma de organización equilibrada de la vida, finalmente cargar el ataúd y acompañar en procesión al cementerio transportándolo
a pie, avanzando paso a paso, en profundo silencio; era conmovedor para todos,
incluso para los que no estaban relacionados al acto, terminaban vinculándose al cortejo fúnebre por lo que este irradiaba; acompañado,
casi siempre, por el tañer lento y ceremonioso de campanas; por un momento en nuestra sociedad hasta hace
pocas décadas, todo, se subordinaba y bajaba su ritmo, acompasándolo con aquel
del rito del cortejo fúnebre que
atravesaba la urbe o el pequeño poblado.
La muerte era un tajo, una marca que lo
cambiaba todo, de la cual los deudos, nunca salen intocados interiormente. Se
producía un espacio en el tiempo en donde toda una comunidad sentía lo sucedido
en proporción a su vinculación con el difunto.
La muerte de los seres queridos, la introspección, el silencio, la calma, el recogimiento de la atención , permiten
reacomodos interiores, que tienen esta como la única vía para abrir interiormente al ser humano, " la costra dura que la vida otorga, se rompe ante el golpe de la muerte " , hay un proceso de maduración psicológica
que solo puede venir aparejado de esta experiencia; la vertiginosidad de la
vida contemporánea, la exacerbación de la producción y el consumo, la necesidad
insaciable de conglomerados sociales y ruido, llevan
a impedir el sentir, hoy se busca
acercarse a un moribundo o a un difundo de la forma más ligera, “ Ligth “ , epidérmica,
por ende las impresiones que se reciben son directamente proporcionales a la
profundidad del proceso, y si a eso sumamos la deshumanización por el uso
excesivo de tecnología y pantallas lumínicas, el consumo insaciable, la insensibilidad
social, la normalización de la violencia y la disrupción, estamos en medio de graves
alteraciones.
La anormalidad
en que vivimos, la anormalidad en que morimos
“Ante la muerte, nada tienen que hacer: el Medico, el Cura
o el Psicólogo, la corrompen en su pureza “
El Sacerdote y el final de la vida
“¿Recemos porque nuestro señor Jesucristo, y sus
apóstoles reciban en el paraíso, a nuestro querido hermano Juan, que luego de
una larga vida hoy se encuentra cerca del altísimo, mi querido hermano quiere
usted volver a cumplir con sus sacramentos que le acompañaron hasta la temprana
adultes y reconocer a Jesucristo como el único Dios verdadero y a su iglesia
aquí en la tierra como su guía y conductora, como la única protectora contra la
vulnerabilidad humana y el pecado? …..Padre no he sido creyente toda mi vida…… ¿Está mi querido hermano seguro? …si padre estoy seguro, no soy creyente, no he
hecho mal a nadie en esta vida, estoy en paz, muero en paz¡¡¡¡”
Uno de los problemas medulares de la religión, ha
sido mantener viva entre los seres humanos, conciencia de su finitud, y su
subordinación a fuerzas superiores, a llevar una vida en orden y equilibrio,
regentada por preceptos, credo y doctrina. La relación con la muerte, desde
siempre fue el centro de su razón de ser, ¿La iglesia o las iglesias, en la
contemporaneidad cumplen con este papel?
Es interesante analizar que durante centurias el cristianismo tenía en la extremaunción el sacramento de importancia superior, el sacerdote se preparaba en oración y silencio y acudía luego a administrar los santos oleos, aceites a colocarse en partes específicas del cuerpo, del agonizante, para asistirle en la muerte y su tránsito al más allá.
En la contemporaneidad no solo el capital a cosificado la muerte, minimizado el tiempo del sufrimiento y eliminado la posibilidad del sentimiento, sino desde hace algunos décadas la Iglesia desaparece la extremaunción y la sustituye por la unción de los enfermos, dejando de ser un sacramento a administrarse exclusivamente antes de la muerte, pasa a ser considerado auxilio espiritual para cualquier persona doliente, que deba enfrentar una situación de vulnerabilidad de salud, lo cual vacía completamente la profundidad e implicancia del rito antiguo. Surge una voluntad de distanciarse de la muerte, de ocultarla, o por lo menos una benevolente actitud de evadir el dramatismo del final de la vida. En el léxico de partida de cartas, el ser humano tiene derecho a que se le otorgue varias partidas de naipes.
Hay sacerdotes que conservan la profundidad trascendencia del rito y más allá del mismo, acompañan al moribundo, sabedores del límite de su presencia.
Los médicos y el final de la vida
“La situación de tu padre es irreversible, tiene un
problema del cual nadie puede escapar, la vejez, todos sus signos están
alterados, el páncreas, el hígado, hay una neumonía en proceso, él está al
final, los médicos en la clínica, van intentar que permanezca aquí, a sabiendas
que no hay nada que hacer, lo mejor que puedes hacer es preparar su cama y llevarle a tu padre a casa, que tenga una buena
muerte, en su cama, rodeado de sus seres queridos, en paz “
La contemporaneidad, interrumpe esta condición histórica en
vigencia por miles de años, y la modifica en lo profundo; la muerte no es aceptada
como un proceso natural, se venera la vida pero a partir de ocultar la muerte, los médicos están llamados por su formación y por el
juramento hipocrático afrontar la enfermedad y a velar por la salud de sus
pacientes, lo anterior no contempla, que
algunos profesionales poco éticos, amparados en esta premisa y constatando la
vulnerabilidad : medica del paciente, o psicológica
de sus familiares, someten a tratamientos diversos, en gran medida con fuertes
erogaciones económicas, buscando prolongar la vida a pesar que el estado de
salud del doliente es irreversible.
Hay médicos que conservan la profundidad y trascendencia de su profesión, la fuerza ética de sus principios, sabedores de la medicina bien empleada, de la compañía justa, conocen la medicina que acompaña una buena muerte, manejan cuidados paliativos, conservan el respeto por la vida y son respetuosos de los límites.
Sin desmedro de lo anterior , para varios , la salud y la profesión médica se convierte en posibilidad de acumulación económica , causa de cálculo monetario oscuro, extraer el dinero que posee el enfermo o sus familiares; muestra palpable es como en una época tan crítica como la presente, no sobran quejas, de la economía de los hogares y el sistema de salud público, llama la atención como varias casas de salud privadas no dejan de expandirse con proyectos arquitectónicos imponentes, y que profesionales de la salud, ostenten vidas tan opulentas; esta alteración profunda en la sociedad , es sumamente grave, marcadamente insana, no dista más de medio siglo de haberse establecido, nunca antes en la historia, el doliente no solo debía indagar la experticia del sanador sino su honorabilidad.
“La situación de la señora es muy grave, según los exámenes ella ha tenido infarto cerebral, tiene 90 años, eso lo complica absolutamente todo, ella necesita con urgencia ingresar a cuidados intensivos, la señora llegó , en ambulancia por emergencia, pero nuestra clínica no tiene convenio con el Seguro Social, no estamos obligados a atenderla, ustedes deben resolver, o le llevan a casa o autorizan el ingreso a cuidados intensivos, el gasto por día puede ir a partir de los 2500, la permanencia va a ser de varias semanas “
Numerosos profesionales procuran que sus
pacientes acudan a clínicas y hospitales y que el final les encuentre en estos
espacios, ya que, según una visión de la medicina, “hasta que no llegue el
final, siempre hay que hacer algo “. Hay un modelo cultural establecido, solo así
se entiende que existan enfermos que procuran protección a su vulnerabilidad en
dichos espacios.
La muerte llega en clínicas y hospitales, contrariando
lo que ha sido la historia milenaria en la cual los seres humanos morían en su
cama, por lo general el tránsito se da rodeado de enfermeras, médicos , equipos
diversos de asistencia y con suerte uno que otro ser querido; en muchos casos, en los momentos críticos previos
al fallecimiento, los pocos familiares , son
obligados a abandonar el sitio, toman el control total los médicos y enfermeras interviniendo en
procura de reanimar al moribundo; la intimidad de la muerte con los seres
queridos se ha violentado de una manera brutal, no hay espacios conocidos,
tampoco hay tiempos de oración y silencios.
“Y es tanta su majestad
Aunque son sus duelos hartos
Que con haberle hecho cuartos
No pierde su autoridad
Porque pues da calidad
Al Noble y al pordiosero
Poderoso Caballero es Don Dinero “ 7
Las
empresas de servicios funerarios y exequiales
“Time is Money “
El capitalismo cosifico la muerte, el libre
mercado impulsó las más diversas inventivas para hacer dinero, la tradición y la
ética son un lastre para la expansión económica.
Luego del momento supremo de la muerte, seguía una
profunda fase de congoja, hasta hace poco tiempo eran los seres más cercanos
los que preparaban el cuerpo que era: lavado,
amortajado, vestido, colocado en el cofre funerario, y expuesto en su lecho de
muerte a los más cercanos e íntimos, se prendían
velas franqueando el féretro, acompañaban figuras religiosas y sagradas, un
ambiente de oración , respeto e introspección profunda lo inundaba todo, el círculo
más íntimo acompañaba al difunto, así permanecía varias horas, hasta que el
espacio de velación de los íntimos concluía y cedía paso a la velación de la
familia ampliada. La casa del difunto era signada con una serie de ornamentos,
la familia, el barrio y la parroquia se enteraban, la casa del finado convocaba
al acompañamiento, la familia y la comunidad construían vínculos, la
contemporaneidad cambio en pocas décadas un rito que tuvo vigencia por milenios.
Hoy a poco de producido el fallecimiento, la
empresa exequial previamente contratada, exige la entrega del cadáver, considerándolo
materia prima en proceso, a partir de este momento la compañía referida toma el
control total de los restos fúnebres del extinto, determina los procesos,
tiempos y establece nuevas costumbres. El rito inicia retirando el cadáver del
sitio del fallecimiento, porque en la contemporaneidad, los muertos estorban, por
ende, la empresa, ofrece un servicio innovador, liberar pesos ante la muerte. Previo
a la velación se establece, el destino del cuerpo inerte, las opciones son: cremación (servicio de moda con un toque Chik) o entierro, en caso de ser esta última opción, es menester determinar el
tiempo de velación y exposición, porque la sala de velación no puede tener
tiempos económicos muertos.
Se ofrecen variados y exclusivos servicios surgen
especializaciones como tanatología: forense, clínica y hospitalaria, surgen oferta
de servicios en: estética del difunto,
organización de eventos del duelo, asesoramiento de Outfit para el difunto y
los familiares, comunicación y redes sociales para velorios y duelos. Servicios
innovadores como recreación del ambiente valorados por el difunto, incluida serenata
con música del recuerdo, baladas, boleros, cumbias, o ballenatos teniendo al ataúd
en medio del evento musical, o el servicio de cargadores de ataúdes que bailan
salsa o la música amada por el fallecido. Se han multiplicado también los
esfuerzos de biotecnología e ingeniería genética, procedimientos diversos de
conservación de material genético; nuevos productos que se comienzan a ofertar
en el mercado con diseñadores digitales, mediante Inteligencia artificial se
crean, hologramas o creaciones digitales en donde, cobra vida digital el difunto.
Terminemos con
el drama
¿Dicen que …La muerte será como ha sido la vida …el
pillo y el malvado sufrirán … el hombre justo tendrá una buena muerte? No estoy
tan seguro, la vida y la muerte tienen sus misterios, hace muchos años alguien muy
especial me dijo… nunca vuelvas a robar, porque aquí mismo te serán cobradas
tus deudas y agradece que tu pagues, porque si no pagaran tus hijos…creo que la
vida es un Ajedrez, la partida empieza moviendo la primera
pieza y termina cuando nos dan jaque mate, el ajedrez no es el jaque mate, el ajedrez
es movimiento a movimiento, es toda la partida.”
El final de la vida, la agonía , la muerte , la
preparación del cadáver, la velación de los restos fúnebres, en toda la historia ha sido un acto de
recogimiento profundo, tránsito de la vida a la muerte, todo este proceso cumplía
un propósito, trasformador, porque ningún ser humano permanece inmutable ante
la magnificencia de la muerte, el cuerpo inerte era la cabal representación de la vulnerabilidad, de la nadiedad, era constatación de la finitud de la vida, del destino inobjetable, era pedagogía y enseñanza, la velación tenía un propósito dual, el tránsito hacia el más allá, y la introspección de los que permanecían en la tierra, , el sufrimiento cumple un propósito que es
brindar apertura a las capas Psicológicas más duras y herméticas , lo mecánico
y mental ceden paso a la levedad del sentimiento, surge la posibilidad de
transformación; sin dolor , no hay
posibilidad de apertura alguna y por ende de transformación.
Mientras menos disruptivo sea el proceso,
mientras menos alteraciones cause: la vejez,
enfermedad, agonía, muerte, velación y entierro a los dolientes cercanos, a los
familiares y amigos, a la comunidad; mientras menos tiempo, se interrumpa la
productividad de los involucrados, será mejor para la vertiginosa dinámica de
la sociedad, pues todo esto es atentatorios a las urgencias del gigantesco
sistema de producción global en tanto organismo mecánico.
A la sociedad contemporánea, le apestan los muertos, porque contradicen la dinámica del capital y la productividad, la vertiginosidad de sus procesos no tolera la muerte, tampoco el luto y el acompañamiento, porque esto disminuye la productividad, y por ende es un problema para el capital.
No se admite una apertura
interior al dolor desgarrador de la pérdida, la muerte ha dejado de ser , para
la gran mayoría de seres humanos, una posibilidad de crecimiento interior, por
la disrupción que provoca a la estructura humana, por la oportunidad de la
pausa y la reflexión, por la genuina posibilidad que el sentimiento aflore
hacia una apertura interior; esto no es
tolerable, atenta a las dinámicas de la productividad, a eso se debe que a la
muerte debe experimentársela como algo epidérmico,
intrascendente en la gigantesca dinámica
de la vida.
Y…después de una vida bella
“¿Usted tiene 98 años y acaba de volver de un viaje maravilloso a la China…que le
falta por hacer en esta vida?
…Nada me falta por hacer, he hecho todo...
...He querido y me han querido...
...Mi tesoro es mi mujer...
.....He sido profundamente feliz, y
creo que estoy listo …
¿Para qué cree usted que está listo?
…Estoy listo para morir¡¡¡¡¡
Solo pediría que no sea con mucho dolor¡¡¡¡¡
¿Usted está en paz?
......Estoy en profunda Paz
REFERENCIAS
1.- Instalación
por el día de los muertos, Nelly Peña Domínguez 2026, Fotografía Catalina
Cisneros, , intervención digital autor del ensayo.
2. Entierro
de Jibaro, 1927, Fondo Fotográfico Salesiano
3.- Tiempos
Modernos, Charles Chaplin, 1936
4.- Antonio
Vega Muñoz, inmolado, 1906, fondo fotográfico INPC
5.- Gonzalo
Cordero Dávila, retrato post morten 1931, Manuel Serrano, Fondo Miguel Diaz
Cueva
6.- Julio
María Matovelle desfile fúnebre, 1931, Fotografía Salvador Sánchez
7.- Francisco de Quevedo, poema, " Poderoso caballero es Don Dinero,
8.- Bailando con el cajón y el difundo
https://www.youtube.com/watch?v=lOtuO6zg_z0







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